martes, 20 de noviembre de 2012

¿Y si nos enorgullecemos de la mariguana?


Por Claudio Lomnitz

La legalización de la mariguana en los estados de Washington y Colorado es una gran noticia, y más todavía si se le ve a partir una apreciación del sentido histórico de las elecciones pasadas en Estados Unidos. El analista político deThe New York Times Thomas Edsall, tras un análisis cuidadoso de tendencias electorales de largo plazo, llega a una conclusión lapidaria: los republicanos han perdido las guerras culturales (culture wars), debido a cambios paulatinos pero consistentes en torno de un abanico de temas, que van desde la aprobación de la igualdad para la mujer, la protección de los derechos reproductivos, la aceptación de las parejas homosexuales, hasta la legalización (o cuando menos la medicalización) de la mariguana. Esta derrota ideológica –amplísima– importa porque refleja tendencias electorales que se vienen consolidando desde hace 20 años, y que sólo tenderán a fortalecerse, según se siga aumentando el voto latino y el voto femenino.

Más allá de actitudes cambiantes en cuestión de moral pública, en el tema específico de la mariguana, los estados de esa nación tendrán importantes alicientes económicos en pro de la legalización. The Huffington Post calcula que si Estados Unidos legalizara la mariguana, se ahorraría arriba de 13 mil millones de dólares anuales, incluidos mil millones tan sólo en gastos carcelarios. Esto, en un contexto en que hay estados de la federación estadunidense que están ahogados en deudas, como California, y que tienen sus cárceles rebosando de presos condenados por posesión o distribución de mariguana. En el caso específico de California, el Partido Demócrata acaba de ganar por primera vez una supermayoría en el Congreso (es decir, posibilidad de pasar leyes sin aliados del Partido Republicano), no es demasiado remoto que California siga los pasos de Washington y Colorado, por simple lógica fiscal.

México debe responder a estas nuevas moviéndose rápidamente a la legalización, imitando punto por punto la ley del estado de Washington (que prohíbe el consumo a menores, y que prohíbe conducir automóviles bajo influencia de la mariguana). Ojalá que haya algún partido político que se lance a presentar un proyecto de ley en el Congreso, y que los gobiernos progresistas del país, comenzando por el Distrito Federal, se muevan en el mismo sentido, cuanto antes mejor.

Además de los beneficios a escala de política social –y como un primer paso hacia concluir la guerra del narco– habría que pensar que México tiene un lugar privilegiado en el imaginario de la mariguana, que tendría que aprovechar económicamente. Cabría, incluso explorar eventualmente si México no podría reclamar apelación de origen para la mariguana comercial, y que la mota de los estados de Washington o Colorado tuviera que llamarse de otro modo (weed, por ejemplo), y que la auténtica mariguana sea la que se siembra en México, con despliegue de técnicas, usos y costumbres locales.

Además de los beneficios económicos, políticos y sociales de la legalización, el cultivo comercial de la mariguana enriquecerá el imaginario promovido en nuestra publicidad comercial. El contraste con el tequila podría ser especialmente interesante.

Casi todo el simbolismo de publicidad del tequila hiede a nostalgia por el mundo de la hacienda, con marcas como Patrón, Herradura, Don Julio, Jimador, Don Fulano, Comisario, Don Eduardo, Cazadores, etcétera.
La industria futura de la mariguana mexicana se valdría de otro repertorio, no sólo más divertido, sino también mucho más importante a escala del reconocimiento de los actores sociales que más han contribuido a forjar nuestra modernidad. Se me ocurre un sinnúmero de nombres de marca posibles (hoja fina, tripa corta, hecho a mano, apelación controlada), comenzando por homenajes más que merecidos a las peregrinaciones mexicanas de la contracultura estadunidense (Acapulco Gold, On the Road o Howl). Se abrirá, además, la posibilidad de reconocer a otras generaciones de la mariguana, y a la interculturalidad que ha sido central en el desarrollo de la cultura mariguanera (nel, Avándaro, 68, etcétera). Incluso las marcas que optaran por imágenes porfirianas retro, más acordes con el mundo imaginario del tequila, tendrían un repertorio mucho más interesante de dónde escoger sus símbolos que el mundo machacón del charro y del hacendado. Podría haber marcas populares con nombres como Sardo, La Leva o Santa de Cabora.

Más allá del mundo divertido de la creación de imágenes para un nuevo producto legal (aunque de consumo restringido), importa reconocer que estamos genuinamente ante una oportunidad –una situación que permitirá reducir y repensar el problema del narcotrafico, formentar la artesanía y la agricultura de punta, e integrar el mercado norteamericano con un producto que ha tenido una tradición importante y negada en la búsqueda de la paz y del amor, y cuyo sentido se ha pervertido hasta el grado en que hoy representa sólo sangre y prisión. Estamos tan acostumbrados a las malas noticias que a veces no sabemos aprovechar las buenas. Ésta es una buena noticia. No hay que dejarla pasar sin sumarse de manera decidida a un movimiento que tiene verdaderas posibilidades transformadoras

domingo, 18 de noviembre de 2012

20 razones para legalizar la mariguana


Por Denise Dresser                                             

Como lo demostró la elección en Estados Unidos, ese país se encamina hacia la legalización. México no debe seguir peleando una guerra contra una droga que se legaliza cada vez más. Como lo ha escrito Sergio Aguayo, la legalización estadounidense es “una bofetada para Felipe Calderón y una lección para los mexicanos”. 32 por ciento de la población en Estados Unidos ya puede ir a un dispensario a recibir mariguana por razones médicas. 11 millones 753 mil habitantes de Colorado y Washington aprobaron el uso recreativo de la mariguana. En Massachussets se aprobó normar la droga para fines médicos.

Alrededor de 50 por ciento de la población estadounidense está a favor de alguna forma de legalización de la mariguana. Como lo argumenta un estudio del Instituto Mexicano Para la Competitividad, la posible legalización de la droga a nivel estatal en Estados Unidos podría provocar una caída importante en los ingresos de los narcotraficantes mexicanos. Entre los probables beneficios que la legalización podría traer sería tratar a los adictos como enfermos y no como criminales, aminorar los ingresos de los cárteles, disminuir la violencia y el número de muertos por la lucha contra el narcotráfico.

Un informe elaborado por Carlos Zamudio Angles y Jorge Hernández Tinajero evidencia el casi nulo resultado de la policía del Distrito Federal para identificar y detener a las personas que encabezan las bandas de narcomenudeo de la mariguana. La labor de la Policía se ha enfocado a detener a consumidores y vendedores en flagrancia, y no como producto de una labor de inteligencia. Los vendedores detenidos son fácilmente reemplazables por las bandas del narcotráfico. Los detenidos por consumo tienen que ser liberados porque la ley no castiga este acto y una encuesta practicada a más de 300 consumidores de mariguana reveló que 2 de cada 3 habían sido extorsionados por la policía. He allí las limitaciones de una política centrada en combatir la oferta a través de la mera clausura de puntos de venta o la captura de quienes la consumen.

Una alternativa propuesta son los “clubes de cannabis” para tratar de erradicar las redes de narcomenudeo. Estas asociaciones brindarían una serie de ventajas reales a los usuarios. Generarían actividad económica para el Estado vía impuestos; eliminarían la necesidad de acudir a los traficantes ilegales; garantizarían estándares de calidad que no se obtienen en el mercado negro; ofrecerían servicios informativos de reducción de riesgos y daños para la salud. La legalización también ayudaría al cultivador de la planta que vería su cultivo como una legítima actividad agraria y económica. El productor tendría contacto directo con el usuario y eliminaría entre ellos al intermediario, quien actualmente desempeña un papel ilegal. A pesar de la guerra contra el narcotráfico, el consumo ilegal de drogas no se ha frenado, sino que ha aumentado en los últimos años. Las drogas están más al alcance de la población que hace seis años. En el Distrito Federal, en 2006 había 5 mil puntos de narcomenudeo y ahora hay 13 mil.

Ante la realidad de lo que está ocurriendo, hasta el propio Felipe Calderón se unió recientemente a los mandatarios de Honduras, Belice, Costa Rica y Guatemala, para pedirle a la OEA un análisis completo de las implicaciones sociales, políticas y de salud que traería para sus países la legalización del consumo, la producción y la distribución de mariguana.

Luis Videgaray, coordinador para la Transición Gubernamental del equipo de Enrique Peña Nieto – ante la legalización creciente en Estados Unidos — ha dicho lo siguiente: “Estamos atentos a estas modificaciones que cambian un poco las reglas del juego en relación con Estados Unidos, que creo que nos tienen que llevar a revisar las políticas conjuntas, tanto de combate al tráfico de drogas y, en general de seguridad”.

La oposición a la legalización en México – 70% de los encuestados — está enraizada en la falta de información que tiene la sociedad sobre el tema. Por ello la necesidad de discutir y difundir las ventajas y desventajas que la despenalización traería consigo. En cada reunión binacional de alto nivel en las últimas décadas se habla de que habrá un enfoque diferente, un método distinto de encarar la lucha contra las drogas y la violencia que engendra, pero no es así. La estrategia estadounidense – que México compra y aplica – sigue siendo la misma.

Año tras año, las posturas siguen siendo iguales. El espaldarazo estadounidense al presidente mexicano en turno, al que se congratula por su “valentía” y “compromiso”.

La lista acostumbrada de acciones conjuntas, esfuerzos logrados para combatir la oferta de drogas en México y limitar el consumo en Estados Unidos.

La lista ampliada de programas piloto que se echarán a andar, el flujo de armas que se controlará, los estudios de drogadicción que se pondran en marcha. La historia se repite, gobierno tras gobierno. Hay un involucramiento estadounidense cada vez mayor en México – en términos de presencia, asesoría, equipo, entrenamiento y recursos – pero no hemos visto un viraje sustancial en la visión simplista y contraproducente que ha predominado desde hace décadas.

Ha llegado el momento de cuestionar la visión desde la cual el combate al narcotráfico parte de premisas supuestamente inamovibles: la “guerra” contra las drogas puede ser ganada; Estados Unidos puede reducir la demanda de drogas y lo intentará; la política antidrogas de Estados Unidos debe ser la política antidrogas del resto de América Latina; la legalización podría ser buena pero jamás ocurrirá.

Ha llegado la hora de cuestionar las ideas escritas en piedra, repetidas hasta el cansancio por funcionarios a ambos lados de la frontera, diseminadas por policy-makers estadounidenses y memorizadas por políticos mexicanos.

Cada una de las premisas convencionales de la “guerra” contra el naroctráfico puede y debe ser confrontada, Cada uno de los argumentos esgrimidos debe ser revisado. Ante la legalización creciente en Estados Unidos, la guerra contra las drogas – librada como se hace hoy – es cada vez más futil. Cada vez más dolorosa.
México necesita demostrar la capacidad para determinar su propio destino y tomar decisiones que fortalezcan su seguridad nacional, promuevan su estabilidad política, construyan su cohesion social. Caminar en esa dirección entrañaría contemplar la despenalización limitada como un instrumento – entre otros – capaz de desmantelar un mercado demasiado poderoso para ser vencido por cualquier gobierno.

Es tiempo de que México comience un debate público, serio y amplio sobre la legalización de la mariguana. Ya basta de dedicar cada vez más recursos, más dinero, más armas, y más tropas a una guerra que nunca se podrá ganar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Quien pierde y quien gana


o lo que significa una ausencia de liderazgos vergonzosa.

Por Rafael Pedroza-Pickering

Recientemente y de manera “sorpresiva” se estructura una candidatura para “competir” por la Presidencia del Comité Directivo Municipal del PAN en Cuernavaca, la cual recae en la persona de Oscar Cano Mondragón alias “El Tobi”, un hombre bueno, quizá ingenuo, con una personalidad agradable, recordemos que no hay gordito desagradable.

Sin embargo, pesa sobre Tobi haber sobrevivido el sexenio de SEC y de MAC como subsecretario de ingresos, su jefe, Alejandro Villarreal, tristemente célebre por haber dilapidado su capital político como un excelente secretario de finanzas de los dos sexenios panistas, al pretender competir contra Adrián Rivera por la candidatura a la gubernatura.

Alejandro Villarreal, calculó mal, supuso que el apoyo de la Esposa del MAC, sería suficiente para derrotar a la Sagrada Familia, representada por ARP y apoyada por Oscar Sergio Hernández Benítez y Germán Castañón Galaviz, Secretario General de Gobierno y Presidente Estatal de Partido, respectivamente.

El apoyo de Villarreal, junto con el del ex diputado federal Enrique Iragorri, también tristemente célebre por aquélla conversación grabada en 2009 por Manual Martínez Garrigós, quien lo chamaqueó ante la opinión pública presumiendo arreglos de los candidatos panistas con los líderes del crimen organizado. Confirmó su falta de tacto y madurez alegando en su defensa que el mal era haber sido grabado, no lo que salió de su boca.

Como dijera el Piporro y para “molarla de cabar” (acabarla de amolar) complementa el trío Marcos Manuel Suárez Gerard el también tristemente célebre ex secretario de turismo en ambos sexenios, despedido sin explicación alguna por MAC y último candidato a la alcaldía de Cuernavaca con pésimos resultados a pesar de haber tenido la posibilidad de lanzar a un excelente candidato en la persona de Francisco Valverde. Dicen los que dicen que saben que compró la candidatura, porque ni las encuestas le otorgaban posibilidades,

Los tres; Villarreal, Iragorri y Suárez, coinciden con el mismo Tobi en haber tenido acogida en la sagrada familia, haber sabido “venderse” como no peligrosos para los intereses de los miembros de la sagrada familia, ni el propio SEC, supuesto líder o jefe de los “estradistas” pudo pasar por el sexenio de MAC sin ser lastimado.

SEC inyectó en algunos miembros de la familia la motivación al logro, la autoestima, la seguridad y logró lo que nunca, lo que nadie: ganar el municipio en el 97 y la gubernatura en el 2000. Fue tal el prestigio que SEC trajo que les alcanzó para 3 alcaldías y una gubernatura. El fue el verdadero líder que sacó al PAN del marasmo de mediocridad y conformismo.

Se vieron atemorizados por SEC, quien llegó, vió y ganó las candidaturas internas y las externas, pero no los cambió desde dentro, no cambió sus mentalidades, no metió la mano al partido, no desarrollo sistemas democráticos reales y siguieron con sus prácticas anti-democráticas de envidia y acaparamiento, resentimiento, amargura y temor, se metieron en todas las candidaturas, improvisaron candidatas con sus esposas, hermanas, primas, con tal de evitar dar lugar a la participación y la formación de nuevos cuadros, sacaron de paseo a sus instintos y cometieron grandes actos de corrupción, mostraron al ENORME priista que llevan dentro.

Ahora, después de la debacle, no hacen nada diferente y logran controlar el estatal a través de la elección de la presidente, se posicionan Oscar Sergio Hernández Benítez y Adrián Rivera Pérez dentro del CDE y controlan la propia presidencia, y no quieren que alguien mas que ellos, controle el municipal, por ello lanzan a Tobi, porque hace creer que es la “real”, la “auténtica” disidencia, la “única” oposición a la sagrada, cuando en realidad, no lo son, son los ex estradistas, que traicionando a su “líder” y aceptaron trabajar para la sagrada familia, dando legitimidad a sus prácticas, fueron hábiles y hoy representan sus intereses y sus prácticas. 

Lo sorprendente es que se les crea que son oposición cuando fueron los grandes beneficiados del panismo más antidemocrático.

"No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad".
Aristóteles